Hijo mío, yo soy María, tu Madre.
Queridos hijos, ustedes que son tan queridos para Mí, no dejen de rezar por sus hermanos y hermanas. Estén constantemente en guardia contra el Adversario. No olviden que la batalla es ardua y difícil…
Sin oración, vuestra batalla está perdida.
¡Miren a su alrededor y vean cuántos están cayendo en la batalla! No sean incrédulos, sino pidan la gracia con persistencia y tengan la certeza de que la obtendrán mediante la paciencia y, sobre todo, a través del amor por sus hermanos y hermanas.
El amor sigue siendo su fuerza en cada circunstancia que se les presente. ¡Pidan y recibirán! ¡Busquen y encontrarán!
¡DIOS NUNCA HA ABANDONADO A SUS HIJOS!! ¡Al contrario! ¡Más bien, son sus hijos quienes se alejan de la abundancia de gracias que el Padre ha reservado para ellos!
Queridos pequeños, no importa qué batalla tengan ante ustedes; NO DESCUIDEN SU ETERNIDAD, pues todo depende de cómo se hayan preparado para ella en la tierra.
¡La vida es un regalo que Dios Padre les ha dado, y nadie puede truncarla con un acto fatal!
En su lugar, pidan la fuerza para luchar hasta el final de sus vidas y valoren el Amor que el Padre tiene reservado para ustedes por la Eternidad.
Querido hijo, gracias por escuchar. Te bendigo a ti y a todos los que te son queridos.
María, tu Madre