Mis hijos,
gracias por reuniros en oración.
Os llamo en vuestros corazones, pero no todos responden. ¡Cómo desearía que mis hijos rezaran con el corazón abierto!
Mis hijos, estoy aquí para salvaros, y sin embargo no comprendéis y preferís el camino de la perdición.
Os he dicho todo lo que sucedería para prepararos y, aun así, a pesar de todo, muchos siguen blasfemando, culpando a Dios de todo.
Os invito a mirar en vuestro interior. Este es un tiempo de gracia; aprovechadlo, mis hijos.
Rezad por el mundo entero, por vuestros líderes y por los hombres de la Iglesia, para que puedan ver la verdad sin engaños.
Hijos míos, os extiendo Mis manos; tomadlas y os salvaré.
Ahora os bendigo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Reflexión sobre el mensaje:
Nuestra Señora nos invita una vez más a la conversión y a la oración, instándonos a reflexionar sobre una verdad fundamental: la oración no es simplemente un extra; es el camino que conduce a nuestra salvación y a la de todo el mundo. Cuando estemos ante Jesús, Él nos pedirá cuentas por la conducta malvada de nuestros líderes y de todos aquellos hombres de la Iglesia que se desvían de la Verdad, y nos preguntará: “¿Rezasteis por ellos y por su conversión?”.
Oremos, pues, por ellos.
Las palabras de Nuestra Señora resuenan con estos versículos del Libro de Ezequiel. Que sean para nosotros una fuente de reflexión y meditación:
“Si digo al malvado: ‘¡Morirás!’, y no le adviertes ni hablas para que el malvado se aparte de su mal camino para que viva, ese malvado morirá por su iniquidad, pero yo te pediré cuentas de su muerte.
Pero si adviertes a la persona malvada y ella no se aparta de su maldad y de sus caminos perversos, morirá por su iniquidad, pero tú habrás salvado tu vida”.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org